En una sociedad cada vez con más ruido exterior, el silencio se ha convertido en un bien preciado. Tenemos una contaminación acústica cada vez mayor. Y esto afecta a nuestros estados de ánimo.
Como animales que fuimos, el ruido es un indicador que algo pasa o va a pasar. Por lo tanto, ha sido de vital importancia prestarle atención a lo largo de nuestra evolución como especie.
El ruido se encarga de activar la zona cerebral de la amígdala y por lo tanto, activar la hormona del cortisol, que es la responsable de generar estrés.
Una vez nuestra activación hormonal se desencadena, el estado de tensión/alerta es inmediato. Y esto nos genera desasosiego.
Paradójicamente, el silencio no existiría sin el ruido. Y se ha demostrado, que estas pausas de silencio son las más beneficiosas para nuestro cerebro.
En realidad, nos relaja más el silencio que la música relajante.
El silencio actuaría en nuestro cerebro como el sueño. Se encargaría de depurar pensamientos, de reorganizarlos, de extraer significado a las cosas…
Por lo tanto, deja que tu cerebro se regenere.
Son necesarios tan sólo 2 minutos al día.
¡¡Busca un lugar cómodo y silencioso…y disfruta!!