Tus Límites

samuel-zeller-358865-unsplash

Imagina que vamos a realizar un ejercicio de gimnasia. Lo puedes visualizar, pero es mejor que lo ejecutes. El ejercicio es simple. Ponte de pie de puntillas y con tus dos brazos extendidos, intenta tocar el techo. Estira, estira…más, seguro que puedes más. No me creo que no te estés esforzando lo suficiente. Creo que tus músculos aún se pueden tensar más. Recuerda que el objetivo está en la punta de tus dedos. ¡Esfuérzate todo lo que puedas, deséalo de corazón, lucha…Venga!! ¿Por qué no llegas al techo?

Probablemente seguiste todas las indicaciones y no funcionó.  ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla: hubo un momento en el que sentiste dolor, tus músculos no respondían y entendiste que podías dañarte más al realizar un sobreesfuerzo.

Ahora bien, esto que parece tan evidente, ¿Por qué no lo aplicamos cuando sentimos dolor o malestar psicológico? ¿O a los conflictos en los que nos vemos envueltos y en los que ya no podemos hacer nada, porque ya lo hicimos y estamos exhaustos?

¿Por qué continuamos aplicando el mismo esfuerzo?

Al igual que en la vertiente física, nuestro organismo sufre y padece cuando se ve sometido a situaciones de malestar psicológico que no mejoraran si continuamos haciendo lo mismo. En estos casos, la solución se convertirá en un problema, porque añadirá desgaste y dolor a nuestro sistema nervioso.

Y entonces, ¿qué hacer?

Pues entender que, a pesar de tus esfuerzos, muy a nuestro pesar y con todo el dolor del mundo, habrá cosas que escapen a tu control y te desbordarán, o ya te habrán desequilibrado.

Hay que aceptar que tenemos un límite y que, si lo traspasas, probablemente enfermarás. En todo, hay un límite. Intenta ser consciente si estás en ese límite o no. Decide no enfermar. Establece tus prioridades y di «Basta». Déjate ayudar, deja que te cuiden. Acepta.  No estás perdiendo ni tirando la toalla. Estás buscando una solución más efectiva. Eso es lo valiente.

Deja un comentario